El sol sale para todos.

Has tenido momentos en que las tormentas en tu vida han llenado tu alma de preocupaciones, angustias, dolor, necesidad, donde no miras el sol salir ni la luz llegar. La desesperación te quita toda paz.   Eso también lo pasaron los discípulos de Jesús estando en la barca con él.  Hay momentos donde tenemos que mirar al cielo con fe y pedir al Padre celestial, en el nombre de Jesús, que detenga los vientos que han causado daño. Muchas veces, en medio de la desesperación, lo menos que hacemos es llamar a Jesús. Lloramos, gritamos, nos deprimimos y no sabemos que hacer, pero tenemos la bendición de clamar a Jesucristo y pedirle ayuda.  Él está en tu tormenta para decirte: “no te preocupes, yo estoy contigo”.  Él quiere que le entregues tu confianza y tus preocupaciones. Entonces él hará, porque hasta los vientos le obedecen.

Marcos 4: 36-40

36 Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas.

37 Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba.

38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?

39 Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.

40 Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?

Pastora Gabriela Fernandez